jueves, 16 de febrero de 2012
Ardientes ideas, crónica (inconclusa) de una vocación incendiaria
“Donde se quiere a los libros también se quiere a los hombres”.
Heinrich Heine
Quemar libros ha sido, por desdicha, una práctica común en distintas épocas históricas. El odio y el resentimiento han encontrado su receptáculo simbólico en estos objetos que a su vez constituyen la prueba más contundente de la cultura y sabiduría del hombre. Bien vista, la quema de libros simboliza un atentado a la cultura, al hombre. La humanidad mordiéndose la cola, ¡vaya impudicia!
Todas las evidencias apuntan a que en esta suerte de bibliofobia histórica los libros son blanco de ataques en tanto vehículos de conocimiento, medios de propagación de la cultura, no por su condición de libros, sino por su contenido, lo que introduce el ingrediente ideológico en las deliberaciones del tema. Es decir, en cada época y de acuerdo con las luchas ideológicas de los grupos sociales en pugna, los libros que son condenados a la pira representan la derrota (momentánea) de quienes los suscriben, ya sea como autores o como lectores.
La piromanía libresca data de tiempos muy antiguos. La refrencia más remota se localiza en el siglo XIV a.n.e., cuando Akenatón, décimo faraón egipcio, fundador de la primera religión monoteísta, enviara a la hoguera todos los textos contrarios a su pensamiento. A su muerte, los sacerdotes ofendidos se vengaron de él haciendo lo mismo con sus obras. En el año 220 a.n.e. el emperador chino Qin Shi Huang, constructor de la Gran Muralla, destruía toda la historia de su país y toda la filosofía china de Confucio a Lao-Tse, porque sus principios eran contrarios a los suyos.
Ya en nuestra era, en el siglo III, la historia registra la quema de la Biblioteca de Alejandría, aparejada con la sanguinaria muerte de Hipatia, ambos acontecimientos enmarcados en la pugna que entonces se registraba entre cristianos y judíos contra lo que ambos consideraban prácticas paganas. No muy lejos de ahí, en El Cairo, Saladino quemó en 1171 la biblioteca de la ciudad que resguardaba textos contrarios al islam. También en aquella época, hay registros del saqueo, a manos de los cruzados, de la biblioteca de Constantinopla, donde se agrupaba toda la literatura griega.
300 años más tarde, no bien el mundo daba la bienvenida a la imprenta de Gutenberg en la Edad Media, Torquemada, el padre de la Inquisición, haciendo honor a su nombre, daba rienda suelta a sus ímpetus incendiarios acabando con todo aquello que atentara contra los que él decretaba intereses de la Iglesia. “Había que hacer desaparecer las obras traducidas del griego, del hebreo, del árabe y del caldeo, tanto al latín como en lenguas profanas, libros que tuvieran errores de fe y de dogmas, que fueran perniciosos, así como libelos difamatorios contra personas de alto rango” (Bula Inter sollicitudines, Concilio de Letrán 1515).
En América la Inquisición no fue menos activa en materia de piromanía libresca. Importantes obras prehispánicas consideradas por los conquistadores como paganas, fenecieron convertidas en cenizas, como los manuscritos mayas encontrados en la península de Yucatán, destruidos por órdenes de Fray Diego de Landa en julio de 1562. Las llamas alcanzaron incluso el trabajo realizado por misioneros españoles que habían logrado recopilar minuciosamente aspectos de la cosmovisión precolombina, como fue el caso del Códice Florentino, obra en doce volúmenes que con paciencia y dedicación había conjuntado el franciscano Bernardino de Sahagun.
Por esa época también se registra la denominada “Hoguera de las vanidades”, en Florencia, que representó la pérdida de cuantiosos libros y obras de arte. Este festín ardiente fue promovido por Girolamo Savonarola, un religioso dominico que predicaba en contra del lujo, el lucro y la depravación, pero que, paradojas del destino, posteriormente también terminaría en la hoguera a manos de la Inquisición.
Pero aun épocas más recientes y que suelen tener un aura menos oscurantista que la atribuida de ordinario a la Edad Media, cuentan con penosos episodios de quema de libros. La Revolución Francesa, que tiene la fama de ser la primera revolución de la era moderna, o con la que se inaugura la modernidad; fruto, además, de las ideas de la Ilustración, condujo a la quema tanto de archivos parroquiales como de bibliotecas señoriales. Durante la Revolución Francesa (1789) los comuneros destruyeron todos los textos reales y las bibliotecas del ayuntamiento. Así como la guillotina se encargó de poner fin a la vida de miembros de la monarquía y todo aquel sospechoso de atentar contra la revolución, durante el llamado régimen del terror, encabezado por Robespierre, las llamas acabaron también con miles de libros.
El 10 de mayo de 1933 se registró lo que se ha dado en llamar el bibliocausto, porque miles de libros considerados antigermánicos o de autores judíos fueron incinerados en Berlín. En el índex de autores considerados antigermánicos se incluía desde los que tenían tendencias políticas contrarias, como comunistas, hasta los pensadores pacifistas o simplemente librepensadores. El bibliocausto se prolongó durante toda la cruzada nazi en territorios ocupados. Sin embargo, al término de la guerra y tras la debacle del dominio del Tercer Reich, los aliados continuaron con la bibliofobia al confiscar y destruir 30 mil libros de autores alemanes y extranjeros o de todos aquellos textos que tuvieran que ver con la cultura germana.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y la ulterior conformación de bloques hegemónicos, la llamada guerra fría trajo como consecuencia la pugna ideológica entre izquierdistas y derechistas. Durante el largo periodo de esta pugna (1945-1989) libros y lectores que ambos bandos consideraban ideológicamente incorrectos fueron víctimas de la persecución y censura.
En el marco de la guerra fría, los aliados latinoamericanos de uno y otro bando fueron también protagonistas de diversos episodios pirolibrescos. En Chile, luego del golpe militar que derrocó al gobierno izquierdista de Salvador Allende en 1973, la dictadura pinochetista mandó requisar y quemar miles de libros considerados como desestabilizadores, entre los que destacan aquellos escritos por Gabriel García Márquez y otros autores como Neruda, Cortázar y Galeano.
Similar situación se registró en Argentina, luego del golpe militar que en 1976 derrocó al gobierno de Juan Domingo Perón, cuando un alto jefe castrense con asiento en Córdoba, ordenó una quema colectiva de libros, entre los que se hallaban obras de Proust, Vargas Llosa, Saint-Exupéry, además de los ya mencionados, entre muchos otros autores.
Aunque la guerra fría concluyó, la furia flamígera contra los libros y sus autores no ha terminado. Ya sea por cuestiones ideológicas o religiosas, los bibliofóbicos no han dejado de existir. Uno de los casos más recientes lo hallamos en Venezuela, en el estado de Miranda, donde diferentes reportes de prensa dieron cuenta de la quema de más de 60 mil títulos por estar “relacionados con el imperio estadounidense”, según declaraciones de los bibliotecarios que atestiguaron la acción incendiaria.
En México, la regidora de León, Guanajuato, Hortencia Orozco Tejada, junto con miemros de la Coalición Ciudadana por la Familia y la Vida, deshojaron ejemplares de libros de Biología de primer grado, Ciencias I y Formación Cívica y Ética II de secundaria de la SEP, los cuales arrojaron a una tina de metal y les prendieron fuego. Fascinada por el calor de las llamas, la edil dijo satisfecha a la prensa: “ Expresamos nuestro apoyo a la educación sexual basada en valores y nos manifestamos en contra de imposiciones ideológicas y sin perspectiva de familia”. La regidora calificó los libros de la Secretaría de Educación Pública de “perversos” porque “erotizan y pervierten a los niños, además de que fomentan la homosexualidad y la promiscuidad.”
Y como esta historia amenaza ya con quemarme las pestañas, he de poner fin al recuento consignando la más fresca noticia sobre la ya larga afición pirolibresca. Se trata del pastor pentecostal Terry Jones, de Gainesville, Florida, quien cumplió el pasado 20 de marzo su amenaza de quemar el Corán, tras un acto en el que realizó un “juicio contra el Corán”. El pastor Jones afirmó, al terminar su piromaniaca actuación: "Nosotros creemos que partes del Corán, si son tomadas literalmente, sí llevan a la violencia y a actividades terroristas, promueven el racismo o los prejuicios contra las minorías, contra cristianos, contra mujeres".
Hasta el momento de terminar estas líneas no se había tenido noticia de que algún grupo musulmán respondiera con la misma moneda (aunque sí se supo que en represalia había sido atacado un cuartel estadounidense en Afganistán), pero no será de extrañarse que en un futuro no muy lejano nos enteremos de que allá en el Medio Oriente algunos fanáticos enardecidos prendan fuego a algún texto pentecostés, si no es que la Biblia misma.
martes, 7 de febrero de 2012
Muestra de historietas
Con gran aceptación por parte de los alumnos, se llevó a cabo la primera muestra y lectura de historietas y fotohistorietas en el Cobach.
Cerca de 200 historietas y fotohistorietas fueron expuestas en un pequeño puesto de revistas que se improvisó en los patios de la escuela, en donde los alumnos podían acercarse y solicitar a los encargados del estanquillo alguna de las historietas o fotohistorietas que los propios alumnos de sexto semestre habían realizado.
Apoyados en diversos texto narrativos (cuentos, leyendas, mitos, corridos y canciones) los alumnos que cursan la materia de Estrategias de Lectura y Escritura II elaboraron historietas y fotohistorietas a través de las cuales ofrecieron sus propias adaptaciones gráficas de las historias leídas.
Poco a poco los estudiantes fueron dando forma a distintas narraciones gráficas, ofreciendo una muestra de su gran creatividad e ingenio.
Al cierre de esta actividad, los bachilleres tuvieron oportunidad de compartir su trabajo con el resto de la comunidad a través de un original puesto de revistas que los mismos alumnos ayudaron a levantar. Los visitantes podían llegar a El Estanquillo, solicitar la historieta o fotohistorieta de su interés y leerla en los alrededores bajo la consigna de regresarla al puesto en cuanto la terminaran.
Fue así que de pronto el área se vio llena de muchachos que leían divertidos e interesados las distintas propuestas visuales de sus compañeros.
Sin duda una de mis mejores experiencias como maestra.
viernes, 17 de junio de 2011
No puedo dormir. Me levanto a comer algo, quizá con algo en la panza recobre el sueño. Me han dolido los huesos. Puede ser que sea el resbalón del otro día en el baño, puede ser que mi cuerpo extrañe la práctica del yoga. Pero he faltado por lo mismo, estoy deprimida. La imagen de este perro esclavizado no me ha abandonado. Allí está él ahora, atado a esa corta cadena, no puede ni echarse porque la han dejado tan corta y sujetada de tal modo que no puede ni echarse. Todo esto me jode mucho, los albañiles no reparan en eso, están tan jodidos ellos que no pueden pensar en el perro. Pienso que su vida es tan miserable que no les queda ni un poco de compasión para este perro. A nadie le importa. Pienso que si llego y les digo que le aflojen la cadena un poco, que no lo torturen más, me verán como una loca, como un enemigo que molesta. Por qué mejor no nos trae un poco de agua a nosotros que estamos trabajando de sol a sol, por qué chingados piensa en esa bestia que nosotros no miramos ni de soslayo. Pinche vieja loca, mejor que se vaya al carajo, no sea que nos la vayamos a chingar por metiche. O mejor le soltamos al perro para que la muerda y le destroce la cara, a ver si sigue preocupándose por el animalito. Y luego está él, allí, jodido a más no poder, pagando una manda que sabe dios quién se la impuso. No hay santo alguno que pueda auxiliarlo, no hay un pinche santito que se apiade de él. Le tocó la mala suerte, le tocó la pinche puta mala suerte.
jueves, 20 de enero de 2011
¿Qué relación existe entre escritura e historia?
El vínculo entre escritura e historia es muy estrecho, dado que fue justamente a partir de la creación de un sistema gráfico de registro que comenzó la historia del hombre, hace aproximadamente 5500 años.
Quizá a algunos les suene un poco exagerada la idea de establecer el inicio de la historia del hombre, justamente a partir de la invención de la escritura, pues el acontecer humano, dirán, también se contruye a través de la oralidad. Otros, más acertados, argumentarán que las pinturas rupestres son también registros históricos del devenir humano.
Para entender con mayor claridad el vínculo al que hacemos referencia, conviene hacer un poco de historia, por cierto, a través de la escritura.
El hombre ha hablado desde hace más de 100 mil años. No es difícil imaginar que parte de su precario conocimiento del mundo era transmitido de generación a generación por medio de la palabra hablada, pero ésta, por su naturaleza, es efímera y fácilmente se distorisiona por razones tan simples como la falla en un oído, el ruido o el deliberado propósito de alterar la información. La escritura, por el contrario, tiene un carácter de permanencia, es decir, queda fijada en alguna superficie para ser interpretada hoy y posteriormente.
Las pinturas rupestres representan sin duda un importante registro de desarrollo de la humanidad, algunos de estos pictogramas dan cuenta de interesantísimas representaciones que muestran a hombres recolectando, cazando o pescando; otras incluso revelan aspectos de la cosmovisión del hombre primitivo, por no decirle, de momento, prehistórico. El problema con esta protoescritura es que carecía de una sistema articulado que permita, aun en nuestros días, comprender cabalmente qué era exactamente lo que pretendían registrar nuestros ancestros. Cuando vemos, por ejemplo, un bisonte tricolor en una cueva de Altamira que data de hace más de 50 mil años nos sorprendermos por su belleza (de hecho no es extraño oir la expresión arte rupestre), pero ignoramos si ésta bestia era venerada, temida, soñada o cazada. Reconocemos, eso sí, la capacidad del hombre primitivo para plasmar su pensamiento.
Pero escritura es un poco más que el sólo imprimir una huella en el tiempo, es necesario que ésta comprenda una serie de normatividades que la articulen y le den un sentido (significante y significado). Aunque el logro de una compejidad de esta naturaleza no es mérito de una sola cultura, se le atribuye a los sumerios la gloria de haber ideado un sistema de representación en forma de cuñas que, por primera vez en la historia de la humanidad, permitió registrar aspectos relacionados con el comercio y la sociedad.
Los sumerios, asentados en una zona muy pródiga, entre los ríos Tigris y Eufrates, lograron importantes avances en materia de agricultura, de modo que eso les permitió, por un lado, resolver asuntos relacionados con la alimentación de la población y, por otro, lograr exedentes en la producción que era menester colocar entre los pueblos vecinos. Las transacciones comerciales “obligaron”, por así decirlo, a los sumerios a establecer sistemas de intercabio comercial que regularan, de una manera clara y precisa, el mercado. La escritura cuneiforme, diseñada a la par de los logros agrícolas por pacientes e ingeniosos escribas que imprimían sus cuñas en tablillas de arcilla que luego ponían a secar al sol, fue, con el tiempo, la respuesta que permitió a los antiguos mesopotamios, lograr un desarrollo comercial de gran magnitud en sus tiempos.
La historia del hombre y, en gran medida la historia de la escritura, comienzan aquí, justamente en este momento. Los signos cuneiformes, que procedían de pictogramas estilizados, ahora se habían transformado en ideogramas, es decir, signos abstractos que representaban ideas. Con el tiempo y con la intervención de otros pueblos que adoptaron el sistema sumerio, la escritura mesopotámica fue modificándose hasta lograr que cada idieograma representara un fonema, pero esa es otra historia de la que por el momento no nos vamos a ocupar, baste señalar sin embargo que con la invención de la escritura el hombre pudo al fin registrar, con la mayor fidelidad nunca antes imaginada, sus leyes, sus conocimientos, sus dudas, sus miedos, sus penas, sus…Todo. Al fin, todo podía quedar inscrito para la posteridad.sábado, 26 de junio de 2010
A propósito de la muerte de Michael Jackson
Estaba en Mexicali participando en una reunión de trabajo, al lado la compu, el Internet abierto en el portal de Hotmail, de vez en cuando echaba un vistazo a la página. Eran como las 4 y media, alcancé a leer que Michael Jackson sufría severos problemas respiratorios, luego, media hora más tarde, la noticia de la muerte apareció como una mala broma, hice clic en la foto y entonces la muerte se confirma, sentí una punzada en el pecho, interrumpí a la expositora que al frente hablaba sobre la reforma educativa y dije en voz alta:
-MurióMichael Jackson.
Silencio por unos segundos, la sesión de trabajo continuó pero alcancé a ver como la mayoría tomó su celular para confirmar algo que nadie acababa de creer.
Me acordé de Rolando cuando tenía nueve o diez años. Le encantaba ver a Michael Jackson, intentaba imitar sus pasos y su forma de cantar. Le envié un mensaje a su cel (luego me enteré que nunca le llegó), me acordé de golpe también de muchas cosas, de cuando éramos niños y nos fascinabamos con los Jackson Five, me acordé sobre todo de Luis, él era a quien más le gustaban. Luego reparé en que Michael Jackson era apenas 3 años más grande que yo, lo curioso es que no tenía consciencia de que fuera tan mayor, siempre lo había visto como un joven, casi un adolescente, y ahora me caía el veinte de que tenía la edad de un señor. De regreso a casa en la radio casi no se hablabla de otra cosa, cada rola que tocaban de Michael Jackson me recordaba una época de mi vida y comencé a sentir pesar y nostalgia por su muerte. Nunca fui fan de Michael Jackson pero creo que me agradaba bastante, además, no me gusta ponerme del lado de los jueces charlatanes que están siempre prestos a condenar la conducta de los otros. En un momento dado sonó la de Billy Jean y entonces sí tuve que contener una lágrima porque tampoco era cosa de dar la nota, y además porque entre los que allí viajábamos más de alguno había hecho comentarios desagradables sobre el ahora difunto.
Al llegar a Tijuana le hablé a Rolando para que fuera recogerme. Llegó con Paty, me subí al carro, los saludé, venían escuchando y acompañando en coro algo de Michael Jackson, supuse que ya se habrían enterado, luego, así, de pronto dije en voz alta:
-Qué mala onda que murió.
-¿Quién?- preguntaron los dos al mismo tiempo.
-Pues Michael Jackson. Qué, ¿no sabían?
Me miraron, se miraron, se quedaron mudos y luego noté que los dos lloraban en silencio.
Llegamos a la casa, nos abrazamos y sin decir nada supimos que algo más allá de la vida de Michael Jackson se había terminado.
miércoles, 9 de junio de 2010
La Sandía
lunes, 19 de abril de 2010
¿Una década perdida?
Lo que debo hacer, pienso, es comenzar a escribir. Comenzar a llevar un registro y echarle un vistazo de vez en vez ¿Si pierdo la memoria recordaré revisar mis notas?
- Sí estamos en el 2010, ¿verdad?
- Sí. Estamos en el 2010 -me responden
Uff. Si me hubieran dicho que en el 2020 me habría asustado (¿más?). Entonces toda esta historia se habría titulado La pérdida de una década.